En 2008 España fue el país con mayor potencia fotovoltaica instalada en el mundo,

debido a sus óptimos recursos energéticos renovables y su nivel tecnológico en energía solar fotovoltaica, además de una legislación que necesitó un ajuste importante para ser mucho más beneficiosa. Posteriormente, diferentes factores causaron el colapso del sector fotovoltaico español. Pero a pesar de esta situación temporal, la energía solar fotovoltaica representaba una oportunidad extraordinaria de negocio en España.

Sin embargo el 2014 fue un mal año para el sector renovable en España y peor aún para la fotovoltaica. En nuestro país se instalaron sólo 22MW fotovoltaicos, en contraste con la fuerte apuesta a nivel mundial, donde encontramos a países como China, con 10.000 nuevos MW, o Japón, con 9.700 nuevos MW, encabezando y apartando a Europa de su primer puesto.

Y no es todo, esta apuesta mundial por la energía fotovoltaica se prevé que continúe en los próximos años, por lo que la AIE (Agencia Internacional de la Energía) pronostica que, para el año 2050, la solar será ya la principal fuente de energía del mundo.

Con estos datos podemos hacer balance y pensar que realmente la paralización que está sufriendo nuestro país en energía fotovoltaica es artificial y responde a la inseguridad jurídica instaurada por el Gobierno en la industria y los consumidores. Pero tampoco nos dejemos engañar, los citados decretos no han sido las únicas medidas legales aplicadas para frenar el desarrollo de la energía fotovoltaica en España. Una vez que el coste de la energía fotovoltaica había disminuido lo suficiente como para ser absolutamente competitiva, las compañías eléctricas locales presionó al Gobierno para que limitase el número de horas de funcionamiento e impusiese importantes peajes al uso de la red eléctrica, entre otros objetivos. Y todo ello con el fin de frenar el desarrollo de la energía fotovoltaica, que no sólo es demasiado competitiva, sino que también es fácil de adoptar por parte de los usuarios finales, haciéndolos menos dependientes de las grandes compañías que explotan aún el negocio energético tradicional, mucho más costoso a nivel económico y medioambiental.

A continuación tenéis un reportaje bastante interesante sobre la situación actual de las instalaciones fotoeléctricas en nuestro país.